La Argentina y su autopista de las mentiras
Los
peligros que atacan la seguridad interior del país no interesan
menos al Estado que los riesgos exteriores de un enemigo poderoso:
el orden público, la administración de justicia, el manejo de rentas
reales, son los medios por donde dejando de ser un grupo de hombres
que se destruirán mutuamente, formamos una sociedad estable y regular
Año
1809 Mariano Moreno
Por Hugo Alberto de Pedro
Si
queremos comprender la situación actual del país será imprescindible
comenzar y terminar analizando como las mentiras han
cortado vertical y horizontalmente toda la vida nacional en los
últimos treinta años.
Después
de la recuperación de la democracia en 1973, con el reintento peronista
de Héctor Cámpora, el verdadero actor -primero desde el exterior
y luego en el territorio nacional- fue Juan Domingo Perón
quién tomo el timón de los destinos de la patria ya con su condición
de ancianidad y cansancio político. Sus antiguas políticas nacionales
y populares, las buenas y las malas, no eran posibles ser llevadas
adelante con el entorno que supo conseguir. Ése que después de su
fallecimiento y con la incapacidad de María Estela Martínez
entronizó a lo peor del partido de los descamisados en el gobierno,
iniciando el camino de la represión, persecución y asesinatos. Período
en el cual muchos de los dirigentes de hoy tuvieron participación
y sus primeras participaciones en la política.
A
partir de la Dictadura Militar y Genocida a la que le armaron
el escenario aún antes de marzo de 1976, no solamente se avanzó
en el terrorismo de estado aún presente desgraciadamente-
que destruyo a miles de familias sino que diseño el modelo liberal
dependiente que año tras año se fue mejorando en perversidad y retroceso
manifiesto.
Con
la vuelta de la democracia que colocó al radicalismo en el gobierno
en 1983 fueron renovadas las esperanzas que el campo popular tome
el protagonismo en el diseño de un país diferente, pero la incapacidad
y falta de coraje de Raúl Ricardo Alfonsín para realizar
los cambios de fondo que una sociedad reclamaba a gritos terminaron
en su ruina política y un país sumergido en la hiperinflación.
La
llegada del más eficiente y funcional, además del mejor hipócrita
político que dejó bien en claro como se puede ser empleado de los
intereses extranacionales aún detrás de una careta nacionalista,
hizo posible que la ya desgastada participación ciudadana desaparezca
totalmente para dar paso a diez años de pactos, arreglos, contubernios
y descalificaciones de la mano de Carlos Saúl Menem a partir
de 1989. Así la clase política permitía reelecciones del poder ejecutivo,
no sólo a nivel nacional sino en varias provincias, que permitieron
cerrar cualquier camino a nuevos espacios políticos o bien de dirigentes
nacidos en períodos democráticos.
Con
renovadas fuerzas y esperanzas en 1999 la dupla de Fernando de
la Rúa y Carlos Álvarez, en representación de una alianza
supuestamente muy fuerte, demostró que la huída se instauraba como
práctica habitual de la política ante la incapacidad de dar respuesta
a los acuciantes problemas nacionales. Seguir en los caminos iniciados
veintitrés años atrás fue la conducta de ese gobierno, que profundizó
la dependencia y la falta de respuesta a millones de argentinos
que caían en la telaraña de la pobreza e indigencia impuesta desde
el poder, y otros que cayeron por las balas de las fuerzas de seguridad
de la misma forma que sucedió días atrás.
Siguiendo
los caminos de los pactos y arreglos de trastienda, y en medio de
un asqueado reclamo popular que por desarticulado no pudo llegar
al final de su cometido, se convierte en los primeros días del 2002
Eduardo Duhalde en el nuevo ejecutor de decisiones tomadas
a miles de kilómetros de distancia. Como lo demostró en su paso
por la gobernación bonaerense, como presidente supo rodearse de
lo peor del mercado político tanto de ministros como de secretarios
y subsecretarios de estado todos responsables y partícipes de anteriores
gestiones de gobierno. Nada nuevo bajo el sol, las mismas sombras
de siempre aunque en ésta oportunidad en un frente justicialista,
radical, frepasista y de derechas continúan el sendero de la destrucción
nacional.
Ahora
nuevamente están preparando sus fuerzas democráticas
para volver al poder los antiguos de siempre: Menem, de la Sota,
Reutemann, Duhalde, Rodríguez Saá, Kirchner, Romero, Terragno y
López Murphy. Del otro lado, los nuevos, intentan cautivar voluntades
solamente desde la mediatización política con Carrió y Zamora, como
caras visibles, dando vueltas por canales de televisión, radios
y periódicos, no buscando y encontrando el camino de la calle como
base de la participación junto a un electorado que reclama nuevas
opciones. Debemos en consecuencia exigirles a éstos, no a los otros
que les exigen desde afuera, un compromiso real y efectivo para
cambiar de raíz los problemas endémicos, caso contrario estaremos
frente a una renovada decepción. Los tiempos serán marcados por
los dueños del poder que llamarán a elecciones conforme a sus conveniencias
y oportunidades para seguir consolidando un sistema y perfeccionando
un modelo que hace aguas por todos lados.
La
definición no es tan difícil de prever, las mentiras de ayer junto
a las renovadas esperanzas mendaces de hoy pueden llevarnos nuevamente
a un fracaso. El incremento, que se viene por derecha, de los medios
de comunicación en instaurar la represión, el autoritarismo, el
terrorismo estatal y el control sobre los actores sociales está
a la vista y solamente un distraído no puede percibirlo. En ésta
oportunidad ponen todas sus armas sobre la mesa, con la idea de
enfrentar nuevamente a ciudadanos contra ciudadanos y a pobres contra
pobres.
Muchos
sabemos que un país diferente es posible. Desde nuestro compromiso,
participación, militancia, movilización, resistencia y lucha tenemos
la obligación de construir los caminos del y hacia el cambio. Todo
lo demás será simplemente la reedición de la autopista de las mentiras.
30
de junio del 2002
Hugo Alberto de Pedro
Buenos Aires Argentina
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